Por un buen etiquetado frontal de alimentos

Política 09 de noviembre de 2020 Por Sergio Britos - ambito.com
El proyecto de ley de etiquetado frontal tiene un fin noble. Sin embargo, la efectividad se vuelve muy limitada cuando solo se pone foco en una parte de la naturaleza del problema alimentario: la advertencia de excesos en calorías, grasas, azúcar y sodio en los alimentos envasados.

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El proyecto de ley de etiquetado frontal tiene un fin noble: garantizar el derecho a la salud y a una alimentación adecuada; un medio acertado: promover una alimentación saludable y una estrategia consistente: brindar información nutricional para promover la toma de decisiones asertivas al decidir una compra.
 
Sin embargo, la efectividad de la estrategia se vuelve muy limitada cuando solo se pone foco en una parte de la naturaleza del problema alimentario: la advertencia de excesos en calorías, grasas, azúcar y sodio en los alimentos envasados. Y la limitación se agrava con el método elegido: etiquetas negras y perfil de nutrientes de OPS. Este criterio, que solo se aplica hace apenas dos meses en un solo país en el mundo (México) tiñe de negro al 91% de los alimentos disponibles si se aplicara en nuestro país. Sucede que para el perfil de OPS, casi la sola “presencia” de un nutriente crítico es “exceso”. Es una falacia pretender que casi todo lo que se vende sea malo.
 
Según la letra del proyecto con media sanción del Senado una galletita o pan integral tendrá la misma cantidad de sellos negros que algunas galletitas dulces; un tomate triturado tendrá más sellos que una gaseosa cola o una lata de arvejas secas, con alta cantidad de fibra, será tan “negra” como un jugo azucarado. Más aún, el proyecto prevé que en las escuelas no se ofrezca ningún alimento con al menos un sello negro: no más arroz (aunque sea integral), fideos (aunque sean con verduras) o pan, ni tampoco buenos y necesarios alimentos como legumbres.

El exceso en la ingesta de nutrientes críticos en nuestra población se concentra en doce alimentos. De todos ellos, como las etiquetas frontales solo impactan en los envasados, resulta que solo un 25% de los alimentos alcanzados pertenecen a las categorías “críticas”. Mientras tanto, otros alimentos igualmente responsables de aquellos excesos quedan por fuera de la norma (azúcar en infusiones, sal agregada a las preparaciones, pan, algunas carnes, fiambres y embutidos, pastelería casera, pizzas). Y a la vez, otro 25% de alimentos que por el contrario son reconocidos como “protectores” por las guías alimentarias terminarán con sellos negros. ¿ Información para mejorar la calidad de dieta? No parece.

Cuando se parte de un diagnóstico sesgado (“el problema se origina en el consumo de alimentos envasados”), las normas resultantes también lo son. Contar con buen etiquetado frontal es una urgencia en el contexto de alta obesidad y enfermedades crónicas. El proyecto de ley se puede mejorar, haciéndolo consistente con las guías alimentarias, promoviendo en forma efectiva (competitividad, buenos precios, educación alimentaria) los alimentos más saludables, priorizando los frescos, pero contemplando también los buenos alimentos que tienen envases.

(*) Profesor adjunto, carrera de Nutrición, UCA.

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